Tras la vendimia

Tras la vendimia

Después de la intensa vida en los campos, las semanas de idas y venidas, el ajetreo de gente recogiendo la cosecha, el momento más esperado del año, la recogida del fruto, que con trabajo, esmero y mimo ha crecido en nuestros campos… después, llega la calma.

Tras la recogida de la uva, es momento de cuidar a la tierra, de ayudar a la vid a reponer todas esas energías invertidas en dar sus frutos. Llega el frio y hay que nutrir la vid, abonarla con fertilizantes, estiércol y compost, cavar la tierra del viñedo para procurar la desaparición de las malas hierbas que a pesar del frio siguen creciendo y provocando que aparezcan plagas.

De todas estas tareas previas a la vendimia, depende una buena producción de nuestro viñedo. Es gracias a ellas como la viña puede crecer y sobrevivir al frio invierno.

Llega el mes de diciembre y el viñedo se encuentra en estado latente. Es ahora cuando tienen lugar dos de las labores más importantes para el viñedo: la poda y el atado.

La poda
Permite, sobre todo, limitar el número de ramas de una viña. De esta manera mejora la producción, ya que la planta concentra sus energías en crear menos frutos pero de mayor tamaño y calidad. Además, al limitar el crecimiento de la planta, facilita el trabajo durante todo el año. El momento idóneo será después de la caída de las hojas y antes de que la vid salga de su estado vegetativo durmiente, cuando el termómetro comienza a bajar de temperatura y que provoca que se detenga prácticamente por completo la circulación de la savia, es entonces cuando se realiza, solo una al año, la llamada poda de fructificación. Una poda que no solo limpia la planta sino que, sobre todo, la prepara para la llegada de la primavera y el rebrote de su naturaleza.

El atado
Es una labor que, si bien puede parecer secundario, es fundamental. Con fijación de la planta a los alambres que la sostienen, se conduce el crecimiento de la misma. Pero no solo eso: el atado protege las ramas de los daños producidos por el viento o por la mano del hombre durante las labores del campo.

El fin de este trabajo y esfuerzo para sanear cada planta y ayudarla a que, con la llegada próxima de la primavera, rebrote con más fuerza y salud, permitirá contar con mejores uvas, más sabrosas, con mayor concentración de aromas y perfumes y de ese modo, atrapar el sabor de la tierra, en una botella.

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